En mi trabajo como terapeuta, con frecuencia acompaño a personas que se sienten atrapadas con el recuerdo de algo que vivieron en el pasado. A veces es un evento claro y específico, y otras veces es una sensación más difícil de definir que ha estado presente durante años.
Incluso cuando alguien entiende lo que ocurrió a nivel lógico, la carga emocional sigue ahí. Puede aparecer como ansiedad, reacciones intensas, dificultad para confiar o simplemente una sensación de que algo no ha terminado de resolverse.
En estos casos, la terapia EMDR puede ser especialmente útil.
EMDR significa Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares. Es un enfoque terapéutico estructurado que ayuda al cerebro a procesar experiencias difíciles para que dejen de sentirse tan abrumadoras. Una de las cosas que más valoro de EMDR es que no se basa únicamente en hablar sobre lo ocurrido. En cambio, trabaja directamente con la forma en que los recuerdos están almacenados en el cerebro.
Cuando una persona atraviesa una experiencia difícil, el cerebro no siempre logra procesarla completamente en ese momento. Esto es más probable si la situación fue intensa, inesperada o generó una sensación de inseguridad. En lugar de integrarse de forma adaptativa, el recuerdo puede quedar “bloqueado”, junto con las emociones, pensamientos y sensaciones físicas asociadas. Por eso, algo que ocurrió hace años puede seguir sintiéndose como si estuviera pasando en el presente.
EMDR ayuda al cerebro a retomar ese proceso y completar lo que quedó pendiente. El recuerdo no desaparece ni se borra, pero cambia la forma en que se experimenta. Con el tiempo, suele perder intensidad emocional y deja de generar la misma reacción automática.
Cuando comienzo a trabajar con EMDR con un cliente, no empezamos directamente con lo más difícil. Una parte fundamental del proceso es la preparación. Dedicamos tiempo a construir una sensación de seguridad y a desarrollar herramientas que ayuden a manejar las emociones si se intensifican. Esto puede incluir técnicas de regulación, formas de mantenerse presente o recursos internos que aporten estabilidad. Es importante que la persona se sienta preparada antes de avanzar.
Una vez que esa base está establecida, identificamos experiencias específicas para trabajar. No solo nos enfocamos en lo que ocurrió, sino también en los pensamientos, emociones y sensaciones físicas asociadas. Muchas veces, las personas descubren que ciertas creencias sobre sí mismas, como “no soy suficiente” o “no estoy a salvo”, están profundamente conectadas con experiencias pasadas que no se han procesado completamente.
Durante la fase de procesamiento, utilizo estimulación bilateral, que puede ser a través de movimientos oculares, tapping o sonidos alternados.
Mientras esto ocurre, la persona se enfoca brevemente en el recuerdo. Desde afuera puede parecer algo simple, pero internamente el cerebro está haciendo un trabajo complejo. Comienza a reorganizar la información y a procesar la experiencia de una manera diferente.
Uno de los cambios más notables es cómo empieza a disminuir la intensidad emocional. Un recuerdo que al inicio se siente abrumador puede volverse más distante o manejable. Es común que los clientes digan cosas como: “ya no se siente igual” o “puedo pensar en esto sin sentirme atrapado”. Estos momentos son importantes porque reflejan que el cerebro está procesando la experiencia en lugar de evitarla.
También es frecuente que surjan nuevas comprensiones. Las personas empiezan a conectar experiencias pasadas con situaciones actuales de una manera que antes no era evidente. Estas ideas no son algo que yo les diga, sino que surgen de su propio proceso interno, lo que las hace más significativas y duraderas.
Otra ventaja de EMDR es que no requiere que la persona cuente cada detalle de lo que ha vivido. Para muchos, esto hace que el proceso sea más llevadero. Es posible trabajar de forma profunda sin tener que poner todo en palabras. Esto puede ser especialmente importante cuando hablar de ciertos temas resulta difícil o abrumador.
El cuerpo también forma parte del proceso. Muchas personas notan sensaciones físicas al comenzar, como tensión, presión o incomodidad. A medida que el recuerdo se procesa, estas sensaciones suelen cambiar o disminuir. Algunos lo describen como una sensación de alivio o como si un peso se hubiera liberado.
Con el tiempo, uno de los cambios más significativos ocurre en la forma en que las personas se ven a sí mismas. Creencias negativas como “no soy suficiente”, “no tengo control” o “fue mi culpa” pueden transformarse en pensamientos más realistas y compasivos. Lo más importante es que estos cambios no se sienten forzados, sino genuinos.
Utilizo EMDR con personas que atraviesan trauma, ansiedad, pánico, duelo y creencias negativas sobre sí mismas, especialmente cuando estas dificultades están conectadas con experiencias pasadas. En muchos casos, trabajar con esos recuerdos ayuda a reducir los síntomas de una manera más profunda.
Al mismo tiempo, es importante respetar el ritmo de cada persona. EMDR no se trata de apresurar el proceso. Algunas personas avanzan más rápido, mientras que otras necesitan más tiempo para sentirse estables o para trabajar experiencias más complejas. Ambas formas son válidas.
También puede haber momentos en los que el proceso se sienta estancado. Esto es parte natural del trabajo terapéutico. Cuando ocurre, hacemos una pausa y exploramos qué puede estar interfiriendo. A veces hay partes internas que necesitan ser escuchadas antes de continuar. Otras veces, simplemente necesitamos abordar el recuerdo desde otro lugar.
Lo que más valoro de EMDR es que permite cambiar la relación con el pasado. El objetivo no es borrar lo que ocurrió, sino ayudar a que deje de sentirse como algo que sigue pasando en el presente. Con el tiempo, muchas personas comienzan a sentirse más estables, más claras y con mayor capacidad para responder en lugar de reaccionar automáticamente.
EMDR es una herramienta poderosa, pero lo más importante es que el proceso se dé en un espacio seguro, con acompañamiento y a un ritmo adecuado. Cuando esas condiciones están presentes, el cambio es posible.
Si estás considerando EMDR o te preguntas si podría ser adecuado para ti, podemos conversarlo. Estoy disponible para escuchar tu situación y ayudarte a decidir qué enfoque puede ser el más útil en tu caso.
