¿Alguna vez has buscado un terapeuta y notado que ofrecen distintos tipos de terapia? Quizás has escuchado hablar de la TCC, el EMDR, la terapia psicodinámica u otros enfoques, y te has preguntado: «¿Cómo sé qué tipo de terapia necesito?»
Es posible que llegues a terapia creyendo que ya tienes la respuesta. Hay clientes que dicen: «Creo que necesito EMDR» o «Quiero hacer TCC porque tengo ansiedad». Otros investigan sus síntomas en internet y llegan con una idea del diagnóstico que tienen o del tratamiento que deberían recibir.
Esta es, de hecho, una conversación que surge con bastante frecuencia entre terapeutas y clientes. Y aunque es valioso que los clientes estén informados y participen en su tratamiento, elegir un enfoque terapéutico suele ser más complejo que simplemente asociar un síntoma con un tipo de terapia.
Un ejemplo personal: una vez llegó una cliente diciendo que necesitaba EMDR. Cuando le pregunté por qué sentía que eso le ayudaría, respondió: «Lo vi cuando busqué en Google tratamientos para el trauma». Pude explicarle que el EMDR es un enfoque excelente para el tratamiento del trauma, pero que es solo una de varias opciones. Como era su primera vez en terapia y tenía mucho que procesar y hablar, le sugerí que la terapia conversacional sería un buen punto de partida antes de adentrarse en el trabajo más intensivo que requiere el EMDR. Al final, esta cliente pudo procesar su trauma con éxito, y el EMDR no fue necesario para lograrlo en su caso.
No existe una terapia que funcione igual para todas las personas
Una de las cosas más importantes que hay que entender es que los terapeutas, por lo general, no eligen un enfoque simplemente porque un cliente tenga cierto diagnóstico o síntoma.
En cambio, los terapeutas consideran a la persona individual que tienen frente a ellos.
Dos personas pueden experimentar ansiedad y, sin embargo, tener razones muy distintas para sentirla, historias diferentes, patrones de afrontamiento distintos, relaciones diferentes y metas terapéuticas propias. Lo que le ayuda a una persona puede no ser el punto de partida adecuado para otra.
Como terapeuta, considero varios aspectos del panorama general al pensar en el tratamiento. Esto puede incluir lo que el cliente está viviendo en este momento, qué lo trajo a terapia, su historia y experiencias previas, sus metas, cómo procesa pensamientos y emociones, sus relaciones, su capacidad para tolerar emociones difíciles y qué espera obtener de la terapia.
El enfoque terapéutico debe adaptarse a la persona, y no al revés.
¿Cómo se ve esto en la práctica terapéutica?
Imagina que una persona llega a terapia después de experimentar una ansiedad significativa tras una experiencia de vida difícil. Es posible que haya leído sobre varios enfoques en internet y crea que un tratamiento específico es lo que necesita.
Esa información es útil. Le da al terapeuta la oportunidad de entender qué ha aprendido el cliente, qué espera y qué le preocupa de sus síntomas.
Pero el terapeuta también puede descubrir que hay otras cosas que necesitan atención primero.
Quizás el cliente tiene dificultades para identificar y expresar sus emociones. Tal vez está luchando con patrones de pensamiento negativos que afectan su vida diaria. Puede que su entorno actual le genere un estrés continuo, o que haya desarrollado formas de afrontamiento que lo mantienen estancado.
En esa situación, el terapeuta puede decidir que tiene más sentido comenzar con un enfoque diferente, o combinar elementos de distintos enfoques.
Esto no significa que la idea del cliente estuviera equivocada. Significa que el terapeuta está mirando el panorama más amplio.
Por qué los terapeutas pueden usar diferentes enfoques
Existen muchos enfoques terapéuticos distintos, y cada uno tiene ideas diferentes sobre cómo las personas experimentan las dificultades y cómo la terapia puede ayudar.
La Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), por ejemplo, suele centrarse en la relación entre pensamientos, sentimientos y conductas. Puede ser útil cuando un cliente quiere comprender sus patrones de pensamiento y desarrollar formas distintas de responder.
El EMDR es un enfoque que se usa comúnmente en el tratamiento del trauma e implica fases y procedimientos específicos. Un terapeuta puede evaluar si es apropiado según la historia del cliente, sus necesidades actuales, sus metas de tratamiento y su disposición para ese tipo de trabajo.
Los enfoques psicodinámicos pueden centrarse más en los patrones relacionales, las emociones, las experiencias pasadas y las formas en que esas experiencias pueden influir en el presente.
Estos son solo algunos ejemplos. Los terapeutas también pueden recurrir a otros enfoques o integrar técnicas de varios modelos terapéuticos.
Lo importante es que el nombre de la terapia es solo una parte de la conversación. El terapeuta también está evaluando si ese enfoque se adapta a este cliente en particular, en este momento particular de su vida.
Un malentendido frecuente: «Si pido una terapia específica, mi terapeuta debería hacerla»
Los clientes deben tener voz en su tratamiento, sin duda. Es razonable investigar enfoques terapéuticos, hacer preguntas y decirle a tu terapeuta qué esperas lograr.
Al mismo tiempo, la terapia no funciona necesariamente como elegir un servicio de un menú.
Un cliente puede llegar diciendo «Sé que necesito EMDR», pero después de hablar con el terapeuta, puede descubrir que hay otras preocupaciones que deben abordarse primero. Otro cliente puede pedir TCC porque ha escuchado que es eficaz para la ansiedad, pero su terapeuta puede encontrar que comprender los patrones relacionales o experiencias no resueltas también es una parte importante de su tratamiento.
Aquí es donde la colaboración se vuelve fundamental.
Un terapeuta debe poder explicar por qué recomienda un enfoque determinado y cómo cree que se conecta con los objetivos del cliente. El cliente debe sentirse cómodo haciendo preguntas y expresando si algo le resulta útil, incómodo, confuso o simplemente no le parece adecuado.
El tratamiento no es algo que deba ocurrirle al cliente. Debe ocurrir junto con él.
¿Qué pasa si el enfoque no está funcionando?
Elegir un enfoque no es necesariamente una decisión que se toma una sola vez.
A medida que avanza la terapia, los terapeutas continúan aprendiendo más sobre sus clientes. Un cliente puede reconocer una nueva meta, descubrir algo en lo que quiere trabajar o darse cuenta de que una estrategia en particular no le está siendo útil.
Esa información es importante.
Está bien decirle a tu terapeuta: «No estoy seguro de que esto me esté funcionando» o «¿Podemos hablar sobre por qué estamos usando este enfoque?». Esas conversaciones pueden ayudar tanto al terapeuta como al cliente a entender mejor qué se necesita.
A veces el enfoque puede ajustarse. En otras ocasiones, el terapeuta puede incorporar técnicas diferentes. Y a veces, si la relación terapéutica o el enfoque de tratamiento no se sienten adecuados, puede ser apropiado hablar sobre otras opciones.
¿Qué puedes hacer si no sabes qué tipo de terapia necesitas?
No tienes que resolverlo antes de hacer una cita.
Un primer paso práctico es pensar en con qué quieres recibir ayuda, en lugar de en qué tipo de terapia crees que necesitas.
Podrías decirle a un terapeuta:
«Me he sentido abrumado y no sé cómo manejarlo.» «Sigo cayendo en los mismos patrones en mis relaciones.» «Algo de mi pasado sigue afectándome.» «Sé que algo no está funcionando, pero no sé qué necesita cambiar.» «He investigado distintos tipos de terapia, pero no estoy seguro de cuál me conviene.»
Todos esos son puntos de partida válidos y útiles.
A partir de ahí, el terapeuta puede hacer preguntas, conocer mejor tus experiencias y metas, y trabajar contigo para determinar una dirección adecuada para el tratamiento.
La terapia debe ser individualizada
Algo que suelo recordarles a mis clientes es que la terapia no es un proceso de talla única. No existe un solo enfoque que toda persona necesite, incluso cuando dos personas parecen estar viviendo preocupaciones similares.
Un buen plan de tratamiento toma en cuenta a la persona como individuo.
El papel del terapeuta no es simplemente elegir una técnica y aplicarla. Es comprender a la persona que tiene frente a él y considerar qué puede ser más adecuado según las experiencias, necesidades, metas y circunstancias actuales de esa persona.
Tampoco necesitas llegar a tu primera cita sabiendo exactamente qué está mal o qué tipo de terapia necesitas. Con traer tus preguntas e inquietudes a la conversación es suficiente.
Si estás considerando la terapia pero no sabes por dónde empezar, esa incertidumbre puede ser parte de la primera conversación. Un terapeuta puede ayudarte a explorar lo que estás viviendo, hablar sobre posibles enfoques de tratamiento y decidir juntos qué dirección tiene más sentido para ti.
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