Para muchos adultos, decir NO es mucho más difícil de lo que parece. Puede que ya estés agotado o agotada y aun así accedas a ayudar a alguien. Quizás asistes a un evento al que no quieres ir, respondes mensajes de trabajo en tu tiempo personal, o sigues dando energía emocional a relaciones que te dejan sin fuerzas. Y entonces comienza a crecer el resentimiento.
Los límites son una forma importante de autocuidado porque ayudan a definir dónde termina tu responsabilidad y dónde empieza la de otra persona. Tener límites no significa que no te importe la gente. Significa que reconoces que cuidar a los demás no debería exigirte, de manera constante, ignorarte a ti mismo o a ti misma.
Un malentendido frecuente es creer que establecer un límite equivale a ser grosero o egoísta. Los adultos que solían ser muy confiables pueden sentir una culpa enorme cuando empiezan a decir no. Pueden preocuparse: «¿Y si se molestan conmigo?» o «¿Qué van a pensar?»
Que alguien se sienta decepcionado con tu límite no significa automáticamente que ese límite esté mal.
En terapia, con frecuencia veo clientes que esperan que otras personas les den permiso para establecer límites. Lamentablemente, ese permiso puede que nunca llegue. Alguien que se beneficia de que siempre digas que sí puede no estar contento cuando comienzas a decir no.
Los límites pueden ser sencillos. «Esta noche no puedo.» «No estoy disponible después de las 6:00.» «No quiero hablar de eso.» «Podemos visitarnos dos horas, pero no podemos quedarnos todo el día.» No siempre necesitas una explicación larga.
Los límites también existen dentro de las familias. Los padres pueden amar a sus hijos adultos sin resolver cada problema por ellos. Los adultos pueden cuidar a sus padres mayores sin cargar solos con cada responsabilidad. Los cónyuges pueden amarse mutuamente y al mismo tiempo necesitar tiempo y espacio individual.
Los límites en el trabajo también importan. La tecnología ha hecho que sea cada vez más fácil que el trabajo nos siga a todas partes. Un correo electrónico puede llegar durante la cena, en vacaciones o mientras estás acostado o acostada. Si respondes cada vez, es posible que tu mente nunca logre desconectarse del trabajo por completo.
La Terapia Cognitivo-Conductual y el mindfulness pueden ayudar a identificar los pensamientos que dificultan establecer límites, como «No les voy a caer bien si digo no», «Soy responsable de que todos estén contentos» o «Una buena madre, cónyuge, amiga o empleada haría esto».
Una pregunta útil es: «¿Estoy diciendo que sí porque genuinamente quiero, o porque tengo miedo de lo que pasará si digo no?»
A veces hacemos cosas por las personas incluso cuando nos resultan inconvenientes. Las relaciones implican compromiso. El objetivo no es decirle no a todo. El objetivo es reconocer cuándo decir que sí constantemente está generando agotamiento, resentimiento o malestar emocional.
Los límites saludables no alejan a todos.
Ayudan a crear el espacio suficiente para que puedas seguir conectado o conectada con los demás sin perderte a ti mismo o a ti misma en el proceso.
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