Muchas mujeres llegan a la perimenopausia esperando cambios en su ciclo menstrual o quizás algunos sofocos, pero con frecuencia están menos preparadas para los cambios emocionales que puede traer esta transición. De repente, puedes sentirte más ansiosa, irritable, emotiva, agotada, o simplemente diferente a la persona que siempre has conocido. Muchas mujeres se preguntan: "¿Por qué estoy tan sensible últimamente?", "¿Por qué ya no puedo manejar el estrés como antes?" o incluso, "¿Qué me está pasando?" La perimenopausia y la menopausia pueden implicar cambios físicos, hormonales, emocionales y de vida al mismo tiempo, y comprender esa conexión puede ser una parte importante de recibir el apoyo adecuado.
Hay un malentendido que merece atención: la idea de que la menopausia se trata únicamente de sofocos y el fin de la menstruación. Para muchas mujeres, la transición es mucho más compleja. Durante este período pueden ocurrir cambios en el estado de ánimo, el sueño, la concentración, la energía, la ansiedad, el bienestar sexual y la calidad de vida en general. Al mismo tiempo, no toda dificultad emocional durante la mediana edad debe atribuirse automáticamente a las hormonas. Las relaciones, el trabajo, la crianza, las responsabilidades de cuidado, antecedentes de salud mental, el duelo, el trauma y otros factores médicos también pueden influir en cómo se siente una mujer.
En mi trabajo como terapeuta, creo que es importante ver a la persona en su totalidad y no solo un síntoma. Cuando una mujer me dice que ya no se siente ella misma, quiero entender qué significa eso concretamente en su vida. ¿Está más ansiosa? ¿Está durmiendo mal? ¿Está perdiendo la paciencia con más facilidad? ¿Está experimentando cambios en su matrimonio? ¿Está cuidando a todos los demás mientras le queda muy poco tiempo para sí misma? ¿Ha ocurrido algo físico que aún no ha conversado con su médico?
Para muchas mujeres, la perimenopausia llega en una etapa de vida que ya de por sí es complicada. Puede que estés criando adolescentes, viendo a hijos mayores volverse independientes, ayudando a preparar a tus hijos para la universidad, cuidando a padres mayores, manejando una carrera, manteniendo una relación y tratando de cuidarte a ti misma en algún lugar en medio de todo lo demás. Todos estos cambios pueden ocurrir mientras tu cuerpo también atraviesa una transición significativa.
Esa combinación puede resultar agotadora.
A veces una mujer llega a terapia convencida de que de repente se ha convertido en una persona ansiosa. Puede decir: "Yo nunca era así antes." Puede notar que situaciones que antes manejaba sin mayor dificultad ahora le parecen abrumadoras. Puede preocuparse más, sentirse inquieta, experimentar sensaciones físicas asociadas a la ansiedad, o encontrarse pensando repetidamente en cosas que normalmente no le consumirían tanta energía emocional.
Para las mujeres que ya experimentaban ansiedad antes de la perimenopausia, los síntomas también pueden sentirse diferentes o más difíciles de manejar durante ciertos períodos.
Esto puede ser aterrador, especialmente cuando no entiendes por qué está ocurriendo.
El sueño puede complicar aún más la situación. Cuando alguien se despierta repetidamente durante la noche, experimenta sudores nocturnos, tiene dificultad para conciliar el sueño o simplemente no se siente descansada, la regulación emocional se vuelve más difícil. Después de varias noches de mal sueño, la paciencia disminuye, la concentración se hace más difícil, los problemas pequeños parecen más grandes y la motivación puede cambiar.
Entonces puede desarrollarse un ciclo: no duermes bien porque estás ansiosa, y estás más ansiosa porque estás agotada.
Las mujeres pueden comenzar a criticarse a sí mismas en lugar de reconocer todo lo que están manejando. "No debería estar tan cansada." "¿Por qué me molesta todo?" "Antes podía con todo esto." Estos pensamientos pueden añadir otra capa de malestar emocional.
Una de las cosas que abordo con frecuencia en terapia es la manera en que nos hablamos a nosotras mismas durante los períodos de cambio. Muchas mujeres muestran una compasión enorme hacia sus hijos, parejas, amistades o clientes, pero tienen expectativas muy diferentes para sí mismas. Esperan seguir funcionando al mismo nivel sin importar lo que esté ocurriendo física o emocionalmente.
Cuando no pueden, lo interpretan como un fracaso.
La terapia puede ofrecer la oportunidad de cuestionar ese patrón. Esto no significa bajar todas las expectativas ni asumir que nada puede cambiar. Significa volverse curiosa sobre lo que tu cuerpo y tus emociones están comunicando, en lugar de criticarte de inmediato por experimentarlos.
La irritabilidad es un buen ejemplo.
Una mujer puede decir: "Últimamente todo el mundo me molesta" o "Ya no tengo paciencia." Puede sentirse culpable después de frustrarse con su pareja o sus hijos y preguntarse por qué sus reacciones parecen más intensas que antes.
En lugar de enfocarse solo en la reacción, la terapia puede ayudar a explorar qué está ocurriendo por debajo. ¿Estás agotada? ¿Estás abrumada? ¿Cargas con resentimiento porque tienes demasiadas responsabilidades? ¿Estás experimentando ansiedad? ¿Se han vuelto difusos tus límites? ¿Estás cuidando a todos menos a ti misma?
A veces la irritabilidad es la emoción que los demás ven, mientras que por debajo hay agotamiento, tristeza, miedo o la sensación de no ser valorada.
Las relaciones también pueden sentirse diferentes durante la perimenopausia y la menopausia. Los cambios en el estado de ánimo, el sueño, la imagen corporal, la energía, el deseo sexual o el bienestar físico pueden influir en la intimidad emocional y física. Una pareja puede notar que algo ha cambiado sin entender qué está ocurriendo.
Esto puede generar malentendidos.
Una mujer puede alejarse porque no se siente cómoda en su cuerpo, mientras su pareja interpreta esa distancia como un rechazo. Puede necesitar más apoyo emocional pero tener dificultad para explicar lo que necesita. Su pareja puede intentar resolver el problema cuando lo que ella realmente quiere es sentirse comprendida.
La comunicación se vuelve especialmente importante durante este período.
En lugar de asumir lo que la otra persona está pensando, las parejas pueden beneficiarse de hablar abiertamente sobre lo que está cambiando. La terapia a veces puede ayudar a las mujeres y a las parejas a encontrar las palabras para conversaciones que se han vuelto incómodas o difíciles de iniciar.
La imagen corporal puede ser otra parte sensible de esta transición.
Las mujeres pueden notar cambios en el peso, la composición corporal, la piel, el cabello, la energía o cómo les queda la ropa. Para alguien que ha pasado años sintiéndose cómoda en su cuerpo, estos cambios pueden afectar la confianza. Para alguien que ha luchado con la imagen corporal a lo largo de su vida, pueden reactivar inseguridades más antiguas.
También puede haber una sensación de presión para "corregir" cada cambio. Bajar de peso. Hacer más ejercicio. Comprar el suplemento. Cambiar la dieta. Verse más joven. Tener más energía. Dormir perfectamente.
La cantidad de información dirigida a las mujeres durante la menopausia puede volverse abrumadora por sí sola.
El autocuidado durante esta etapa no debería convertirse en otra lista de expectativas que te haga sentir que estás fallando.
A veces el autocuidado significa ejercicio y buena alimentación. A veces significa establecer un límite. A veces significa acostarse más temprano, pedir ayuda a tu familia, hacer una cita médica, reconectar con amigas, o simplemente reconocer que no puedes hacerlo todo por todos todo el tiempo.
Esta etapa de la vida también puede traer preguntas más profundas sobre la identidad. Durante años, la identidad de una mujer puede haber estado fuertemente ligada a ser madre, pareja, profesional, cuidadora o la persona que mantiene a la familia organizada. A medida que los hijos se vuelven más independientes y la vida comienza a cambiar, pueden surgir preguntas que era más fácil ignorar durante los años más ocupados. "¿Quién soy fuera de cuidar a todos?" "¿Qué quiero para la próxima etapa de mi vida?" "¿Soy feliz en mi relación?" "¿Sigo disfrutando mi carrera?" "¿Qué pasó con las cosas que antes me gustaban?"
Estas preguntas no son necesariamente señales de que algo está mal. A veces son parte de reconocer que tu vida está cambiando y que tus necesidades también pueden estar cambiando.
La terapia puede ofrecer un espacio para explorar esas preguntas sin necesitar tener las respuestas de inmediato.
Para las mujeres con experiencias previas de ansiedad, depresión, duelo o trauma, este período también puede traer emociones o recuerdos a la superficie. Las transiciones importantes a veces nos hacen más conscientes de experiencias que hemos pasado años manejando manteniéndonos ocupadas o enfocándonos en otras personas.
Eso no significa que la perimenopausia haya causado la experiencia pasada. Puede significar que las estrategias de afrontamiento que funcionaron en otra etapa de la vida ya no están funcionando de la misma manera.
Aquí es donde el apoyo individualizado en salud mental puede ser valioso.
Dependiendo de la persona, la terapia puede incluir Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) para explorar patrones de pensamiento negativos, estrategias para la ansiedad y la regulación emocional, mindfulness, trabajo en torno a límites y autocuidado, comunicación en la relación, o tratamiento enfocado en el trauma cuando sea apropiado.
Pero el tratamiento de salud mental no debe reemplazar la evaluación médica.
Si estás experimentando síntomas físicos o emocionales nuevos o significativos durante la perimenopausia o la menopausia, es importante hablar de ellos con un proveedor de salud adecuado. Un profesional médico puede ayudar a evaluar si los síntomas pueden estar relacionados con la transición menopáusica o si deben considerarse otras condiciones médicas. Los profesionales de salud mental y los proveedores médicos pueden desempeñar roles diferentes pero complementarios en el apoyo a las mujeres durante esta etapa.
También creo que es importante que las mujeres sepan que pedir apoyo no significa que no sean capaces de atravesar la menopausia.
No tienes que esperar hasta estar completamente abrumada.
Si la ansiedad está afectando tu vida diaria, si estás constantemente irritable con las personas que amas, si estás luchando con los cambios en tu cuerpo, si tu relación se siente diferente, o si simplemente sigues pensando "ya no me siento yo misma", esas experiencias merecen ser conversadas.
La perimenopausia y la menopausia son transiciones, y las transiciones con frecuencia requieren adaptación.
Puede haber días difíciles, síntomas confusos y momentos en que extrañes cómo te sentías antes. También puede haber oportunidades para reconsiderar prioridades, establecer límites más saludables, reconectarte contigo misma y decidir cómo quieres que sea la próxima etapa de tu vida.
No necesitas volverte la persona que eras hace diez años.
El objetivo puede ser aprender a comprender y cuidar a la persona en la que te estás convirtiendo ahora.
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