Como profesional de la salud mental, creo que la mayoría de las personas, si no todas, reconocen la importancia de dormir lo suficiente.
De hecho, una higiene del sueño adecuada es increíblemente importante para muchas cosas, incluyendo la salud física y mental de cada persona.
Según la Fundación Nacional del Sueño, la cantidad recomendada de sueño es la siguiente: niños en edad escolar (9 a 10 horas), adolescentes (8 a 10 horas) y adultos (7 a 9 horas).
Entre los desafíos comunes que pueden experimentar jóvenes y adultos que no duermen lo suficiente se encuentran la dificultad para concentrarse, sensación de fatiga, aumento del estrés y la preocupación, problemas de agresividad, insomnio o sueño de mala calidad, y un deterioro de la salud física y mental.
En concreto, más del 50% de las personas que no duermen lo suficiente reportan sentirse ansiosas o deprimidas, y aproximadamente el 75% de las personas con depresión experimentan insomnio.
El insomnio puede dar lugar a un sueño menos reparador y a una menor cantidad de horas de descanso.
Además, una higiene del sueño deficiente está asociada con tasas más altas de ansiedad, ya que más del 70% de las personas con mala higiene del sueño reportan sentirse ansiosas.
Como consecuencia, muchas personas tienen dificultades para conciliar el sueño, lo que perpetúa el ciclo de problemas relacionados con el descanso.
Algunos beneficios de dormir una cantidad adecuada de horas incluyen una mejor disposición anímica, mayor capacidad de memoria, menor nivel de estrés, un manejo más saludable del peso, recuperación de energía y mayor creatividad.
Para fomentar un sueño saludable, algunas estrategias incluyen establecer una rutina antes de dormir, mantener el cuarto limpio y ordenado, cenar más temprano, disfrutar de la luz solar durante el día y darse una ducha o baño caliente antes de acostarse.
Otro consejo es llevar una dieta saludable.
Los alimentos que pueden favorecer un sueño reparador incluyen aquellos ricos en magnesio (arroz, frijoles y verduras de hoja oscura como la espinaca), potasio (verduras de hoja verde, vegetales y ciertas frutas), vitamina B6 (pescado y semillas de girasol), calcio (productos lácteos, nueces como las almendras, frutas cítricas y productos de soya) y melatonina (frutas y verduras, granos, nueces y semillas).
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