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adolescentesfamiliatraumaterapia bilingüe
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Cuando un adolescente necesita terapia, aunque no quieran recibirla.

Los padres normalmente no llaman a un terapeuta por un solo mal día.

AB

Andrea Beita, MA

·19 de mayo de 2026·8 min

Antes de leer

Una nota antes de leer

Este artículo ofrece orientación educativa del equipo clínico de Clara. Úselo como punto de partida para reflexionar y ordenar preguntas, no como diagnóstico ni como reemplazo de atención clínica.

  • •Qué puede aclarar esta terapia
  • •Cómo puede sentirse el proceso
  • •Preguntas para llevar a una terapeuta informada en trauma

Leer un artículo puede ayudarle a notar patrones o preparar preguntas. No tiene que decidir por su cuenta qué tipo de apoyo necesita antes de comunicarse con Clara.

Contenido educativo, no es un diagnóstico y no es apoyo de emergencia. Si necesita ayuda inmediata o está en crisis, use recursos de emergencia locales en vez de esperar una respuesta del sitio web.

Qué puede aclarar esta terapia

Los padres normalmente no llaman a un terapeuta por un solo mal día. Para cuando buscan ayuda, muchas veces ya llevan meses preocupados. Han intentado hablar, dar espacio, poner límites, quitar teléfonos, ser más pacientes, ser más estrictos, leer artículos en internet y preguntarse si están exagerando con ser estrictos.

Muchos dicen alguna versión de lo mismo: “Mi hijo adolescente ya no actúa como antes, pero se niega a ir a terapia”. Ese es una posicion dificl para un padre porque puede sentirse como estar atrapado entre respetar los deseos de su hijo y verlo sufrir.

Lo que muchas familias necesitan escuchar es que los adolescentes casi nunca piden ayuda de manera clara y directa. La mayoría de los adolescentes que terminan beneficiándose de la terapia no empezaron emocionados por ir. Algunos llegan molestos. Algunos insisten en que no pasa nada. Algunos permanecen en silencio durante toda la primera sesión. Eso no significa automáticamente que la terapia sea el paso equivocado. Lo más importante es explorar si hay algo algo más profundo debajo de ese comportamiento.

A veces los padres notan una ansiedad que poco a poco empieza a controlar la vida de su adolescente. Un joven que antes socializaba fácilmente de repente evita la escuela, deja de ver a sus amigos o entra en pánico por cosas que antes podía manejar.

Otras veces se parece más a la depresión. El adolescente duerme todo el tiempo, se aísla en su cuarto, pierde motivación o parece emocionalmente apagado constantemente.

En otros casos, la preocupación aparece como enojo. Muchas familias llegan a terapia agotadas por conflictos constantes, sin darse cuenta de que debajo de la irritabilidad puede haber ansiedad, tristeza, vergüenza, trauma o un nivel de sobrecarga emocional muy alto.

Creo que uno de los errores más comunes es pensar que si un adolescente rechaza la terapia, entonces realmente no la necesita. En realidad, la resistencia muchas veces es parte del proceso terapeutico, siempre y cuando el adolescente queira conversar sobre algo aunque no sean sus sentimientos o preocupaciones.

Los adolescentes se resisten a la terapia por muchas razones. Algunos tienen miedo de ser juzgados o culpados. Algunos temen que los adultos hablen sobre ellos en lugar de escucharlos. Algunos sinceramente todavía no tienen palabras para explicar lo que sienten. Otros han aprendido que cerrarse emocionalmente es más seguro que abrirse.

En terapia, especialmente con adolescentes, presto atención a la función de la resistencia en lugar de intentar romperla de inmediato. Un adolescente reservado normalmente está protegiendo algo. Eso se vuelve todavía más importante en el trabajo que se enfoca en trauma.

Un adolescente que ha vivido trauma, estrés crónico, bullying, conflictos familiares, pérdidas, estrés migratorio o relaciones emocionalmente inseguras puede sentirse constantemente en alerta. Si la terapia se siente como otro lugar donde será presionado, analizado o forzado a hablar antes de estar listo, generalmente se aleja todavía más.

Por eso es tan importante construir seguridad antes de esperar vulnerabilidad. A veces los padres esperan que la terapia comience con conversaciones profundas de inmediato, pero normalmente así no empieza el trabajo significativo con adolescentes. Muchas veces la primera etapa consiste simplemente en ayudar al adolescente a sentirse lo suficientemente seguro emocionalmente como para presentarse con honestidad y eso puede tomar tiempo.

He trabajado con adolescentes que pasaron varias sesiones diciendo casi nada y que poco a poco comenzaron a hablar cuando entendieron que no iban a ser sermoneados ni avergonzados. También he trabajado con adolescentes que parecían enojados, pero que en realidad estaban sufriendo de ansiedad, soledad o trauma no resuelto.

Muchos comportamientos adolescentes tienen más sentido cuando dejamos de mirar solamente la conducta y empezamos a preguntarnos qué puede estar comunicando esa conducta.

Por ejemplo, un adolescente que de repente parece “flojo” puede estar deprimido. Uno que parece desafiante puede sentirse emocionalmente inestable y desregulado. Uno que se desconecta constantemente puede haber aprendido que expresar emociones no no es algo seguro.

Eso no significa que todo comportamiento difícil deba justificarse. Los límites siguen siendo importantes. La crianza sigue siendo importante. Pero el castigo por sí solo rara vez resuelve el dolor emocional.

También creo que muchas familias subestiman cuánto afecta el estrés relacional/social a los adolescentes.

Cómo puede sentirse el proceso

Muchos jóvenes están cargando presión escolar, redes sociales, amistades, desarrollo de identidad, expectativas familiares e incertidumbre sobre el futuro al mismo tiempo. En familias bilingües y biculturales, puede existir otra capa donde padres e hijos se sienten emocionalmente desconectados aunque se quieran profundamente.

A veces los padres crecieron en ambientes donde las emociones se manejaban en privado, donde la fortaleza era lo más importante y la supervivencia venía antes de la expresión emocional. Sus hijos adolescentes crecieron en un contexto cultural muy distinto, donde hablar de emociones es más común. Ninguna de las dos perspectivas necesariamente está equivocada, pero la desconexión puede generar tensión constante.

Un padre puede pensar: “Estoy sacrificando todo por mi hijo. ¿Por qué se aleja de mí?”

El adolescente puede pensar: “Mis padres me quieren, pero no me entienden emocionalmente”.

Esa distancia puede volverse dolorosa para todos. En terapia familiar, parte del trabajo consiste en bajar la intensidad de esos ciclos lo suficiente como para que las personas puedan escucharse de otra manera.

Muchas familias quedan atrapadas en patrones repetitivos. Los padres se sienten más ansiosos y entonces se vuelven más controladores. Los adolescentes se sienten más controlados y se aíslan todavía más. Los padres interpretan ese aislamiento como falta de respeto o irresponsabilidad, y eso aumenta aún más el conflicto.

Para cuando las familias llegan a terapia, todos suelen estar agotados y a la defensiva.

Algo que expreso con frecuencia en sesiones de teraoia es que la mayoría de las familias no pelean porque no se quieran, generalmente pelean porque todos se sienten asustados, ignorados o impotentes debajo del conflicto.

Ese cambio de perspectiva importa porque mueve la conversación de “¿Quién es el problema?” hacia “¿Qué está pasando en esta relación?”.

Para adolescentes que viven con trauma o ansiedad, enfoques como EMDR también pueden formar parte del tratamiento, pero muchas familias no entienden cómo funciona realmente.

La gente escucha que EMDR ayuda con trauma e imagina a un adolescente entrando inmediatamente en recuerdos dolorosos. En realidad, el buen trabajo de trauma avanza con cuidado. Antes de procesar experiencias difíciles, muchos adolescentes necesitan apoyo para regular emociones, sentirse seguros y construir confianza.

Acelerar el trabajo de trauma antes de que un adolescente tenga suficiente estabilidad emocional no es recomendado. Esa es otra razón por la que la terapia no consiste en forzar a alguien a hablar. El objetivo no es empujar a un adolescente a abrirse antes de estar listo. El objetivo es ayudarlo a sentirse lo suficientemente apoyado como para que eventualmente no tenga que cargar todo solo.

También les recomiendo a los padres prestar atención a la duración y al impacto de los cambios, en lugar de enfocarse solamente en una señal dramática.

Un adolescente pasando una mala semana es diferente a un adolescente que lleva meses aislado, desesperanzado, ansioso, enojado o emocionalmente desconectado.

Algunas señales que merecen atención incluyen cambios importantes en el sueño, apetito, rendimiento escolar, aislamiento social, ataques de pánico, tristeza persistente, entumecimiento emocional, autolesiones, conductas de riesgo o conflictos constantes que nunca terminan de resolverse.

Preguntas para llevar a una terapeuta informada en trauma

Los padres no tienen que esperar a que todo se vuelva peligroso o inmanejable antes de buscar apoyo.

A veces las familias sienten que comenzar terapia significa que fracasaron como padres. Yo no lo veo así.

Buscar apoyo muchas veces significa intentar responder antes y de manera más consciente, en lugar de esperar a que todos estén en crisis.

También creo que la manera en que se presenta la terapia importa más de lo que la gente piensa. Los adolescentes generalmente reaccionan mal cuando la terapia se presenta como castigo o corrección.

Frases como “Necesitas ayuda”, “Estás fuera de control” o “Eres la razón por la que todos están estresados” suelen aumentar la vergüenza y la resistencia.

Un enfoque distinto suena más como: “Puedo ver que las cosas han sido pesadas últimamente” o “No tienes que resolver esto solo”. Puede parecer algo pequeño, pero emocionalmente se siente muy diferente.

Siempre que sea posible, recomiendo que los padres les den a los adolescentes cierta sensación de elección-control dentro del proceso. Eso puede significar permitirles ayudar a elegir al terapeuta, decidir entre sesiones virtuales o presenciales, o empezar con una consulta inicial en lugar de presentar la terapia como un compromiso indefinido.

Los adolescentes suelen involucrarse más cuando sienten que todavía tienen algo de control.

Al mismo tiempo, hay situaciones donde los padres sí necesitan mantener un límite firme respecto a recibir apoyo, especialmente cuando existen preocupaciones de seguridad, depresión severa, autolesiones, síntomas de trauma o un deterioro importante en el funcionamiento diario.

Un adolescente no siempre tiene la perspectiva suficiente para reconocer cuánto está sufriendo. Eso no significa forzar vulnerabilidad emocional. Significa que a veces los padres necesitan sostener con calma la idea de que el apoyo es necesario mientras siguen acercándose a su hijo con empatía y respeto.

Algunas de las terapias más significativas con adolescentes comienzan muy lentamente.Comienzan cuando un adolescente se da cuenta de que no va a ser humillado.

Desde afuera, esos cambios iniciales quizá no parezcan dramáticos. A veces los padres se preocupan pensando que la terapia “no está funcionando” porque su hijo no se volvió alegre o emocionalmente abierto después de unas pocas sesiones. Pero muchas veces el verdadero progreso al inicio es mucho más silencioso.

Si eres un padre preguntándote si tu adolescente puede necesitar terapia aunque se resista, yo me enfocaría menos en si está dispuesto a decir “sí” con entusiasmo y más en si parece emocionalmente estancado, abrumado, desconectado o incapaz de afrontar las cosas como antes.

No se necesita tener absoluta certeza antes de buscar apoyo. A veces el primer paso simplemente es tener una consulta con un terapeuta que entienda adolescentes, trauma, dinámicas familiares y contexto cultural lo suficientemente bien como para ayudarte a entender qué tipo de apoyo tendría más sentido.

Y a veces lo más importante que un adolescente experimenta en terapia no es una transformación inmediata. Es finalmente tener un espacio donde no se siente juzgado, ignorado o solo con todo lo que está cargando.

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Escrito por

Andrea Beita, MA

Terapeuta en Clara Counseling & Psychological Services

Terapia disponible en: Inglés, Español

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